En cada etapa de la formación, somos invitadas a sumergirnos profundamente en la mente y corazón de Cristo. Crecemos como personas, como cristianas, como religiosas consagradas y como paulinas por medio de la oración, reflexión personal, estudio, misión, vida comunitaria y las experiencias cotidianas. El diálogo frecuente con la directora de formación en cada etapa de la formación ayuda a captar lo que Dios está realizando en nuestra vida y cómo nos invita a crecer.
En los dos años de postulantado, las postulantes entran a la vida de la comunidad, viven un tiempo de transición a la vida religiosa, desarrollan una profunda vida de oración, y conocen de forma más plena si Dios les llama a ofrecer sus vidas en esta congregación. La oración, las clases y las experiencias de la misión paulina contribuyen al crecimiento en libertad, madurez y discernimiento.
Durante los dos años de noviciado, a través de estudio de las Constituciones de las Hijas de San Pablo, las novicias crecen en un sentido de pertenencia a la comunidad, en asumir la vida y misión paulina, y en el deseo de ofrecerse a Dios en la congregación. El noviciado es una escuela de fe, discipulado, y un camino de vida que guía a la novicia hacia una elección radical por Cristo.
El noviciado concluye con la primera profesión de los votos de castidad, pobreza y obediencia en la congregación de las Hijas de San Pablo. Antes de la primera profesión, la novicia recibe el hábito en una ceremonia llamada vestición. En la primera profesión, ella recibe las Constituciones, el crucifijo, y el emblema de la congregación.
En los cinco a siete años del juniorado, las hermanas con votos temporales (“junioras”), son enviadas a una comunidad y son asignadas a una tarea apostólica. Cada año, después de reflexionar sobre su experiencia, renuevan sus votos por un año más. Durante el juniorado, cada hermana completa sus estudios de teología, filosofía y comunicación.
Al final del juniorado, y después de un curso de preparación, la hermana profesa sus votos perpetuos; es decir, por toda la vida. “En el acto decisivo de la profesión perpetua Dios consagra a sí para siempre la vida de cada una y la pone al servicio de la Iglesia en la Congregación de las Hijas de San Pablo” (Constituciones de las Hijas de San Pablo, art. 107).
La oración, el estudio y el crecimiento espiritual son esenciales a la vida de cada Hija de San Pablo. En comunidad, participamos del estudio y de la formación continua sobre el carisma de las Hijas de San Pablo, tanto como temas importantes relacionados a la Iglesia y a la cultura. A nivel personal, también estudiamos en el campo relevante para nuestro trabajo específico dentro de la misión paulina.