Arraigadas en las enseñanzas de san Pablo, nuestras comunidades aspiran a la comunión y el respeto mutuo, donde cada una se esfuerza por entender a las otras, edificarse mutuamente y compartir en las alegrías y los dolores de todas. Por nuestro crecimiento personal en Cristo, crecemos en poder entregarnos más completamente al Señor y a nuestras hermanas. Como hizo la venerable Maestra Tecla Merlo, nuestra cofundadora, pedimos corazones abiertos y capaces de amar: “Jesús Maestro, llena mi corazón de un amor paciente; enseña a mi corazón un amor dulce; dame un amor que cree y espera”.